La aventura y la fotografía siempre han sido inseparables para Andrew Miller, cuya carrera lo ha llevado desde viajes familiares a Nepal hasta guiar expediciones por los polos. Con casi dos décadas como fotógrafo profesional, Andrew ha dominado todo, desde retratos hasta paisajes, pero son los salvajes y helados confines de la Tierra los que continúan captando su imaginación. Aquí habla de lo que alimenta su pasión, cómo reaccionan los huéspedes ante su primer encuentro polar y por qué no hay dos travesías iguales…
«No te puedes aburrir cuando hay algo nuevo que ver a través de tu objetivo cada día.»
¡Hola Andrew! ¿Qué fue lo que despertó por primera vez tu amor por los viajes de aventura y cómo evolucionó esa pasión hasta convertirse en una carrera tras el objetivo?
Andrew: Para mí fue al revés. Crecí con la cámara familiar en la casa de los Miller y, desde que tengo memoria, se consideraba mía. Mi primera foto publicada fue para un periódico local: ¡un oso que se adentró en un barrio cercano! Así que fotografiar fauna siempre pareció ser mi destino. A mi familia le encanta viajar; incluso escalé una montaña en Nepal con mis padres y mi hermana. Tengo la suerte de que el valor de la aventura se me inculcara en casa.

Has pasado casi dos décadas como fotógrafo profesional y conferenciante. ¿Qué mantiene el trabajo fresco y emocionante?
Andrew: Siempre hay algo nuevo que capturar con el objetivo. A lo largo de mi carrera lo he hecho todo: producto y arquitectura, retratos, paisaje y vida salvaje. No te puedes aburrir cuando hay algo nuevo que ver a través de tu objetivo cada día.
¿Puedes describir la sensación de estar en un bote neumático, cámara en mano, con el mundo polar desplegándose a tu alrededor?
Andrew: Es cuando me siento más conectado con la naturaleza. Estar ahí con el agua salada salpicándome la cara, conduciendo el bote neumático con la cámara en el cinturón, simplemente esperando el momento adecuado para disparar. Es pura libertad. Si eso es lo que estoy haciendo, tendré la sonrisa más amplia.
¿Cuál es ese momento mágico que siempre buscas cuando fotografías en lugares remotos como el Ártico o la Antártida?


